Tres preguntas para los socialistas

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¿Cuál es el objetivo de las reformas económicas promovidas por la administración Obama?

¿Qué medida de progreso ha habido, o que se puede esperar de las propuestas de reforma para el avance de la seguridad y de los intereses de los trabajadores?

¿Cómo se distinguen las metas de los socialistas y los comunistas de las de Obama, y cómo se parecen?

Pregunta Nº 1

Contestando la primera pregunta, Larry Summers habla por la administración:

“Permítanme hablar con absoluta claridad sobre dos aspectos de la actitud del presidente Obama en los cuales se ha mantenido firme y consistente desde el comienzo de la crisis en medio de su campaña presidencial:

*El primero es un reconocimiento sin titubeos de que tomamos medidas solamente cuando sea necesario para evitar resultados inaceptables y a veces funestos. Barack Obama hizo campaña para la presidencia buscando restaurar el papel norteamericano en el mundo, reformar a nuestro sistema de cuidado de salud, alcanzar la independencia energética, y prepararles a nuestros niños para una economía del siglo XXI. No buscaba dirigir bancos, aseguradoras ni la industria automotriz. Las acciones que tomamos, las tomamos por necesidad y no por gusto.

*El segundo punto sobre el cual el Presidente se ha pronunciado con toda claridad es que toda intervención vaya con, y no en contra del grano del sistema de mercado. Nuestro objetivo no es él de suplantar o reemplazar los mercados. Al contrario, nuestro objetivo es él de salvar los mercados de sus propios excesos y mejorar nuestro sistema basado en los mercados, mientras seguimos avanzando”.

La parte más refrescante de la declaración de Summers es su confesión directa de conflictos entre metas y dura necesidad. Queda desnuda su inclinación hacia las soluciones mercantiles frente a la cruda realidad de los graves fracasos del mercado en sectores esenciales del régimen económico de los últimos 70 años: cuidado de salud, servicios financieros, la industria automotriz, la infraestructura, la educación, medidas preventivas frente al cambio climático, y la energía. Todos los retos difíciles que ya enfrentan al pueblo norteamericano exigen un brusco cambio de rumbo. Y con ese cambio de rumbo simplemente no se puede evitar una expansión sustancial de la intervención pública a largo plazo a la medida de la magna escala de los fracasos del mercado. Serian bastante desafiadores estos retos aun sin la resistencia obstinada e implacable del capital financiero, de las aseguradoras, de la industria farmacéutica y de los accionistas de la industria automotriz, petrolera y energética, mas una gran variedad de tal llamados “integristas” del mercado libre. Pero para los trabajadores y las fuerzas progresistas, incluyendo a las fuerzas importantes alineadas con la administración Obama, ya es IMPRESCINDIBLE la movilización de una presión suficiente y hasta sobresaliente para derrotar esa resistencia, pasar las reformas, hacerlas efectivas, y, sobre todo, asegurar que se enderecen las pérdidas masivas de ingresos y seguridad económica sufridas durante los últimos 50 años.

Esto lo califica la derecha como socialismo a paso lento. Y tienen razón; eso es precisamente lo que son las reformas democráticas mínimas necesarias, y no tiene caso esconderlo. Sin embargo, a pesar de la histeria alarmista de la ultraderecha, NO significan estos pasos incrementales hacia una dirección socialista el ocaso del capitalismo. Lejos de eso; el cuidado universal de salud sin fines de lucro, una política nacional energética y de infraestructura “verde,” la reforma financiera, inversiones muy grandes a la educación y a la capacitación laboral, todos llevarán como resultado un nuevo resurgimiento del capitalismo en muchas áreas de la economía. Es esencial la innovación para el crecimiento y el progreso humano. Jugarán un papel esencial los mercados sanos y competitivos, permitiendo a la ciencia y la tecnología aumentar la productividad humana. Además, con aumentos en el nivel de cultura se aumentan dramáticamente las demandas y necesidades humanas, reflejadas en el lado “demanda” de la economía. Muy pronto casi toda industria será de “alta tecnología,” al igual que toda ciencia, que ya es, hasta cierto punto, ciencia cibernética.

Para asegurar que correspondan en verdad las frutas de la ciencia y la tecnología a las necesidades y el avance de la humanidad, hay que probarlas una y otra vez en el horno de la demanda económica real. Los mercados son los únicos mecanismos conocidos capaces de realizar esta tarea más o menos espontáneamente a nivel masivo, y por eso es imprescindible que prosperen. Los mercados son instituciones humanas que persistirán mientras existan comodidades y la división de trabajo en la sociedad. No son productos de ninguna ley natural. Pueden y deben ser manejados para servir los propósitos humanos. Liberadas del peso aplastador del cuidado privado de salud, con la posibilidad de contar con una fuerza laboral más capacitada y más educada, provistas de clientes con ingresos y necesidades siempre en aumento, dado un acceso a mercados crediticios estables, experimentarán las corporaciones y los empresarios un nuevo auge de actividad económica, ya debidamente sepultados de una vez para siempre los buitres y dinosaurios en bancarrota del siglo pasado.

Hay unos pocos de izquierda, felizmente de números siempre menores, que desde hace mucho están infectados con una caricatura del socialismo y del capitalismo. Miran al capitalismo como un sistema fijo e invariable bajo el cual todo esfuerzo de reforma es inherentemente inútil, todo progreso será aplastado inevitablemente, el empobrecimiento es, a fin de cuentas, absoluto, y únicamente con una transformación “revolucionaria” hay posibilidades para liberar a los trabajadores de la explotación. Se pinta al socialismo de manera similar, en términos no menos idealizados sin casi ninguna conexión a las luchas diarias salvo como oportunidades para “revelar” el “fraude” de las reformas. Durante la mayor parte del siglo pasado los trabajadores de los países capitalistas avanzados han sido mal servidos por estas tendencias, y en realidad, las han ignorado por completo, teniendo como resultado de que muchas de ellas han quedado gravemente marginalizadas. A pesar de las afecciones romantizadas que expresan algunos de la izquierda marginalizada a los movimientos revolucionarios contra la dominación colonial y neocolonial en el mundo en desarrollo, estos movimientos, aun cuando se vean obligados a recurrir a las armas por falta de los derechos democráticos más mínimos, han sido los primeros en descartar formulaciones dogmáticas y encontrar innovaciones radicales en el desarrollo económico mixto. Estos esfuerzos han producido tazas de crecimiento sin precedente y han sido la causa principal de la reducción en las tazas mundiales de pobreza durante el último medio siglo.

Subrayan los procesos populares que ahora se llevan acabo la innovación con la cual las masas en EEUU también están aprendiendo de nuevo, renovando y actualizando los principios de la política y la economía socialista y socialdemócrata. Las coaliciones agresivamente anticomunistas, antigubernamentales, anti-regulatorias de Nixon, Ford, Reagan, Thatcher, Bush y Bush han llevado la economía internacional a una profunda crisis. Creen algunos que los peores momentos de esta crisis están por llegar muy pronto, pero son muy pocos (o nadie) los que creen en una recuperación conducida solamente o hasta principalmente por medio de los mercados.

Mientras hayan literalmente millones que ya están echando una nueva mirada al socialismo y que están tirando al basurero de la historia el integrismo de mercado libre, no quiere decir eso que están recurriendo a modelos fracasados del socialismo de las épocas de Stalin y Mao. En vez de eso, muchos descartan de antemano como inútiles muchos de los términos de los debates del siglo pasado entre socialismo, comunismo y capitalismo, tanto la histeria anticomunista de los 1950, 1960, 1970 y 1980 y las tendencias dogmáticas y anticientíficas dentro de la misma Izquierda.

Pregunta Nº 2

Cuando se comparan las metas económicas declaradas de la administración Obama y su franca admisión de la necesidad de una intervención pública a gran escala, no hace falta ni doctrina ni sabiduría recibida para darse cuenta de la gigantesca contradicción de intereses de clase en el escenario político norteamericano. Y con esta comparación se pueden identificar las tareas principales que enfrentan a la clase trabajadora y la izquierda estadounidense:

1. 1. Expandir urgentemente la base de poder de la gran ola democrática que hace falta para derrotar los esfuerzos corporativos por bloquear cualquier reforma estructural.

1. 2. Consolidar las fuerzas de la clase trabajadora progresista norteamericana y socialdemócratas tras el programa mínimo que se necesita para recuperar los ingresos de la clase trabajadora y para promover la paz, la justicia económica, la seguridad y el crecimiento estable.

Para apreciar la importancia absoluta de estas tareas solo hace falta revisar los compromisos en cada frente principal programático que ya se discuten en las negociaciones entre Obama y las distintas fuerzas en el Congreso. La derrota de la propuesta de reforma hipotecaria patrocinada por el senador Dick Durbin, Demócrata por Illinois, el único alivio propuesto hasta el momento en el Congreso para los dueños de casas, demuestra el poder de la resistencia derechista. Ni siquiera quisieron reunirse con Durbin, que concluyó que “¡Ellos (los cabilderos del sector financiero) son los amos y dueños de este lugar! “

La subversión por parte de las aseguradoras y la industria farmacéutica de cualquier consideración seria de un plan de seguro de salud universal para resolver la crisis de la salud, y su respuesta a cualquier opción pública, de que “No podemos pagarlo,” solo reafirma esta amenaza a pesar del apoyo sobresaliente de la clase trabajadora.

El aplazamiento durante varios años de cualquier programa ecológico de “capar e intercambiar” [“cap and trade”] a beneficio del medio ambiente con el fin de mover a soluciones energéticos renovables es otro ejemplo similar.

El coro de gritos de, “¡Socialismo! ¡Socialismo!”, las denuncias a la adquisición de GM y Chrysler por parte de Obama, y el comportamiento algo triste de la dirigencia de la UAW frente a la crisis de la industria automotriz, todos amenazan profundamente la posibilidad de sentar bases nuevos y saludables para un resurgimiento de la industria doméstica.

La poca prioridad dada a la aprobación de la Ley de Libertad de Escoger para los Empleados (EFCA, por sus siglas en inglés) muestra que el odio de los grandes negocios y la ultraderecha y su temor a que los trabajadores se organicen ha logrado presionar para que la administración y el Congreso a considerar su propio desarmamiento. Sin embargo, el poder de los trabajadores para organizarse y tomar control de su propio destino es el arma más poderoso de reforma para cambiar la dirección de nuestra nación hacia un aumento de ingresos y recursos para los trabajadores.

Aunque la reforma regulatoria financiera del presidente fue recibida por la izquierda política con una apoyo tibio, los voceros del capital financiero no han ocultado su intento por matarla, calificándola correctamente como la mayor intrusión de la reglamentación federal en los mercados de capitales en los últimos 50 años. Enfrenta incertidumbre en el Congreso esta medida también.

La crisis financiera, las bancarrotas de GM y Chrysler, el cuidado de salud y la política energética, todos indican los puntos de contención más claros y agudos en la política de clase de esta época. Son las pruebas de que el curso de los próximos cinco años, o nos va llevar adelante a la iluminación y al progreso, o, en su falta, nos puede presentar el riesgo de caos social y su resultado, un conflicto que bien pudiera hacer parecer como nada los conflictos actuales en Irán.

Para sumar, estas amenazas contestan la segunda pregunta: nos ofrece el programa de Obama una oportunidad para lograr gran progreso. Ya ha habido algunas victorias pequeñas aunque no insignificativos, pero las pruebas claves del progreso todavía están en juego. Su suerte está en nuestras manos.

Finalmente, en su discurso en el Cairo dirigido a todo el mundo, Barack Obama tomó los primeros verdaderos pasos de rechazo a la ideología imperialista, y el primer abrazo genuino en los últimos 100 años de nuestra historia nacional a los principios de la resolución de conflictos y a la no-violencia. Es imposible subestimar el impacto que tendrá esto para la paz del mundo. Sin embargo, en este sendero tenemos, él y nosotros, a muchos enemigos. El es el presidente. Nosotros somos (o no somos) los soldados, y somos los únicos que podemos transformar en realidad el retiro de las armas.

Pregunta Nº 3

Esta pregunta fue contestada por Carlos Marx con palabras que siguen vigentes después de 160 años:

“¿Qué relación guardan los comunistas con los proletarios en general? Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a moldear el movimiento proletario.
 
Los comunistas se distinguen de los demás partidos proletarios sólo en ésto: en las luchas nacionales del proletariado de diferente países ellos señalan y adelantan los interesés comunes de todo el proletariado, independientemente de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre la clase obrera y la burguesía, siempre representan el interés del movimiento entero.”

En breve, NO HAY distinciones entre los interesés de socialistas y comunistas de cualquier tendencia y las demandas socialdemócratas progresistas, internacionalistas que también reflejan los sentimientos e interesés mayoritarios de los trabajadores en esta época, en este momento, en estos próximos años en los Estados Unidos de Norteamérica.

Tenemos que abrazar como nuestro lo mejor de la visión de Barack Obama, verlo en la luz de la necesidad y con las multitudes defenderlo de las fuerzas de la oscuridad.